Estatutos

Comunidad Evangelizadora Mensajeros de la Paz (C.E.M.P.)

“Colmémonos de la paz de Jesús y de María, para llevarla al mundo entero”

 SECCION I   -   PROEMIO

1.  La paz de Dios no es una emoción pasajera, ni un simple estado de la conciencia, sino que es la presencia de Dios vivo en el corazón de cada uno de nosotros, actuando con todo su amor y su poder, haciendo nuevas todas las cosas y guiándonos hacia la vida plena: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud”. (Juan 10, 10).

La Comunidad Evangelizadora Mensajeros de la Paz, respondiendo al llamado de la Santísima Trinidad y de María, Reina de la Paz, quiere ser un instrumento de bendición en las manos del Señor y de su Madre, creando espacios de espiritualidad para todos aquellos que necesitan recorrer un camino de sanación integral, formación cristiana y crecimiento, de manera tal de encontrar la verdadera paz, y la vida en plenitud, en el servicio a Cristo y a los hermanos.

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2.  Comunidad y compromiso.

Ser comunidad significa hacer un camino de éxodo, que parte desde el egoísmo que anida en nuestro corazón hacia la generosidad y entrega del Corazón de Jesús, que se deja partir por la lanza y entrega hasta la última gota de sangre por la redención de la humanidad.

Ser comunidad significa hacer un camino que nos lleva a poner el pronombre personal “tu” y “nosotros” delante del pronombre personal “yo”.

Ser comunidad significa aprender, incluso con dolor, a amar al prójimo como a uno mismo y amarnos a nosotros mismos como Dios nos ama. Es aprender a vivir  las características del amor que da San Pablo en 1 Corintios 13.

Ser comunidad significa, ser como el grano de trigo, que muere continuamente a sí mismo para transformarse en vida y resucitar para el prójimo, como abundante espiga. “En verdad les digo: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.”  (Juan 12,24).

Ser comunidad es, recorrer un camino en el cual, cayendo y levantándonos, aprendemos a ver nuestras miserias y las de nuestros hermanos, con los ojos y el corazón misericordioso de nuestro Padre. 

Ser comunidad significa dejarse sanar por Dios a través del hermano que aunque imperfecto, es instrumento de Dios; y también es ser uno mismo, con las propias debilidades, instrumento de sanación para el hermano que lo necesita.

 Ser comunidad significa, no creerse nunca superior, mejor o más avanzado que el hermano, sino que por el contrario es reconocer con humildad que estamos en el mismo escalón y que necesitamos todos de todos.

 Ser comunidad significa aceptar cada día y en toda circunstancia el llamado de Dios; y la inspiración que viene de él, para asumir el compromiso de vivir como familia al servicio de la Iglesia y del mundo.

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 3.  El Carisma.

La palabra carisma sencillamente hablando, significa don. Algo gratuito. El carisma surge por pura gratuidad del poder del Espíritu Santo. De él surgen la espiritualidad y el apostolado, del mismo modo que de un río caudaloso, se desprenden dos ríos subsidiarios.

 Para llevar adelante el plan de Dios es esencial  conocer Su voluntad y el carisma que concede a cada persona y comunidad.

Muchas veces trabajamos con la propia mente y solo con las propias fuerzas.  Mientras que cuando se acoge el carisma se acepta el poder de Dios, que es quien suscita las ideas, da la creatividad, envía a los trabajadores, renueva continuamente la obra y manda los medios que se necesitan en cada momento.

 Vivir el carisma significa entregar a Dios del control sobre todas las áreas de la vida. El carisma que Dios  suscita en cada comunidad es diferente, pero todos son necesarios para embellecer la Iglesia y transformar la sociedad.

 Nuestro carisma, brota de Jesús, Príncipe de paz (Isaías 9,5) y es para ser vivido por todos los laicos, sacerdotes, religiosas y religiosos, que experimentan necesidad de restauración espiritual para sus vidas y su vocación; y para ser transmisores de esta paz en sus ambientes.

 Es el mismo Jesús, quien nos envía a ser portadores de esa paz: “Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios”. (Mateo 5, 9).

Por lo cual se experimenta el deseo y la necesidad de llevar esa paz a todos los lugares y a todas las personas: “Al entrar en la casa, deséenle la paz”. (Mateo 10, 12).

 Saliendo al encuentro del prójimo, de las comunidades y los pueblos que tienen necesidad de la paz del Señor, con la espiritualidad de la Renovación Carismática Católica y con medios siempre renovados: “En eso Jesús les salió al encuentro en el camino y les dijo: "Paz a ustedes". (Mateo 28, 9).

 Alimentándonos de Jesús Resucitado que da la paz a los apóstoles y permitiéndole a él entrar al cenáculo de nuestros corazones: “Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". (Juan 20, 19).

 Y sin darnos por vencidos ante las dificultades, las cruces y los  dolores de la vida, seguir dando la paz a pesar de todos los obstáculos: “Jesús les volvió a decir: "¡La paz esté con ustedes!”. (Juan 20, 21).

 Para esto nos abrimos a una continua y permanente efusión del Espíritu Santo: “Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo”. (Juan 20, 22).

 Parte esencial de ese carisma de paz pasa por la sanación de los orígenes de toda forma de angustia, ansiedad, temor y miedo ya que en una sociedad fragmentada y dividida por odios y rencores resulta fundamental recorrer el camino de la reconciliación personal para llegar a ser instrumentos de unidad en todos los ámbitos de la sociedad: “Les dejo la paz, les doy mi paz. La paz que yo les doy no es como la que da el mundo. Que no haya en ustedes angustia ni miedo”. (Juan 14, 27).

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 4.  La  espiritualidad.

Nuestra espiritualidad tiene como característica un gran amor a Jesús sacerdote, de lo cual se deriva la oración por todos los sacerdotes y la disponibilidad en espíritu de servicio fraterno para ayudarles en todas sus necesidades.

 También es parte esencial de nuestra espiritualidad, el deseo continuo de resucitar con Cristo, pasando cada día del hombre viejo al hombre nuevo.

 Es el continuo llamado del Señor, semejante al que Jesús hiciese en Betania, cuando poniéndose a la entrada del sepulcro donde había sido enterrado el hermano de Marta y de María, llamó con voz fuerte diciendo: “Lázaro, sal fuera”. (Jn. 11,43) De la misma manera el Señor nos está llamando por nuestros nombres para recibir la vida plena que él quiere para cada uno de nosotros.

 De hecho, muchos hombres y mujeres llegan a los grupos de oración de la comunidad, a los talleres, jornadas y ejercicios espirituales, como agonizantes o muertos, pero hemos constatado como gradualmente van recibiendo de parte del Señor la vida nueva.  

 Hay también quienes tienen alguna recaída. Pero lo más importante es que todos estamos siendo continuamente resucitados por el Señor, pues cada uno de los que integramos la comunidad nos hemos sentido llamados por nuestro nombre. 

 Este resucitar se alimenta en las fuentes vivas de la salvación, bebiendo de la Palabra de Dios, como palabra viva; de los sacramentos, como un tesoro en el cual siempre se obtienen nuevas riquezas; del conocimiento y experiencia del amor maternal de María, como Mediadora de todas las gracias, particularmente del don de la paz.

 En este sentido un mensajero de la paz, alimenta su vida espiritual y anhela colmarse de la paz de Dios para luego llevarla a quienes la necesitan, y esto por medio de:

•   La oración personal diaria.

•   La lectura diaria de la Biblia.

•   El rezo del Santo Rosario, hecho con el corazón.

•   La comunión frecuente.

•   La adoración al Santísimo Sacramento.

•   El ayuno de aquello que el Señor le indique.

•   Los retiros espirituales y Ejercicios anuales. 

•   A esto hay que sumarle el anhelo de formarse continuamente de modo que Dios pueda seguir ayudándole a desarrollar los propios carismas.

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 5.  Misión evangelizadora.

5.1. Nos sentimos interpelados e impulsados por el llamado misionero del Documento de Aparecida, queriendo conformar nuestra identidad como “Discípulos y Misioneros de Jesucristo”, y dejando que nos interpele continuamente, de manera especial con los siguientes números:

 11. La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales… Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros. Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino, protagonistas de vida nueva para una América Latina que quiere reconocerse con la luz y la fuerza del Espíritu.”

 370. Encontramos el modelo paradigmático de esta renovación comunitaria en las primitivas  comunidades cristianas (cf. Hch 2, 42- 47), que supieron ir buscando nuevas formas para evangelizar de acuerdo con las culturas y las circunstancias.

 371. La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que “el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial” (NMI 12) con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera.

 552. Llevemos nuestras naves mar adentro, con el soplo potente del Espíritu Santo, sin miedo a las tormentas, seguros de que la Providencia de Dios nos deparará grandes sorpresas.

553. Recobremos, pues, “el fervor espiritual. Conservemos la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas. Hagámoslo – como Juan el Bautista, como Pedro y Pablo, como los otros Apóstoles, como esa multitud de admirables evangelizadores que se han sucedido a lo largo de la historia de la Iglesia – con un ímpetu interior que nadie ni nada sea capaz de extinguir. Sea ésta la mayor alegría de nuestras vidas entregadas. Y ojalá el mundo actual – que busca a veces con angustia, a veces con esperanza – pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el Reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo”. Recobremos el valor y la audacia apostólicos.

 Como Católicos, Apostólicos, Romanos sentimos que el envío del Señor es para llegar hasta los rincones de la tierra, trabajando en comunión con los obispos, sacerdotes y movimientos eclesiales que nos invitan a evangelizar en sus diócesis y comunidades.

 5.2. Esta misión se ha venido desarrollando desde el año 1998:

•   Por medio de los grupos de oración y formación cristiana que todos los días se reúnen en la Parroquia San Roque de la Arquidiócesis de Buenos Aires.

•   Ayudando a formar grupos de oración y equipos de evangelización en otros lugares que lo solicitan.

•   Brindando un servicio de retiros espirituales anuales que se dan en la Parroquia San Roque, en el Monasterio San Pablo de la Cruz y en diferentes casas de retiros espirituales.

•   Predicando retiros y jornadas de evangelización, formación y sanación interior en diferentes comunidades.

•   Ofreciendo material de formación, crecimiento y espiritualidad por medio de bibliografía, CDs, casetes, videos y DVD.

•   Con el compromiso de los miembros de la C.E.M.P.  de orar por todos los sacerdotes, asistirlos en sus necesidades,  ayudarlos en los momentos difíciles de sus vidas y revalorizar de todos los modos posibles esta sagrada vocación.

•   Poniendo al servicio de los sacerdotes y de los laicos la casa de oración, María Reina de la Paz, que se encuentra en la parroquia San Roque y el Centro de Espiritualidad que está funcionando en el Monasterio San Pablo de la Cruz, en las cercanías de Carmen de Areco, Provincia de Buenos Aires.  Estos espacios tienen como fin ser lugares de restauración integral, en los cuales se cumpla la palabra de Jesús que dijo a sus apóstoles: "Vámonos aparte, a un lugar retirado, y descansarán un poco." Porque eran tantos los que iban y venían que no les quedaba tiempo ni para comer.”  (Marcos 6,31).

•   Siendo comunidad intercesora por todas las necesidades de la Iglesia y de la humanidad.

•   Asistiendo a los enfermos y llevando el amor de Dios por medio de los ministros del consuelo y del alivio.

• Realizando una tarea misionera y solidaria en diversos puntos del país (Se vienen realizando misiones en la provincia de Corriente y en diversos pueblos de la provincia de Buenos Aires y de la Patagonia).

 5.3. La Comunidad Evangelizadora Mensajeros de la Paz ha excedido los límites de la Parroquia San Roque. El Espíritu ha ido suscitando miembros y servidores en otras Parroquias y Diócesis que se nuclean en torno al carisma comunitario de los Mensajeros de la Paz, poniéndolo al servicio de los respectivos párrocos y obispos.

 5.4. En el año 2000 inició sus actividades la casa de oración “María Reina de la Paz”, que se encuentra en la Parroquia San Roque, que recibe no solo a los miembros y servidores de la Comunidad sino también a muchas personas que asisten de diversos lugares de la ciudad y de la Provincia de Buenos Aires.

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 6.  El  Centro  de  Espiritualidad.

Actualmente la Comunidad tiene la rama de Matrimonios Mensajeros de la Paz, que constituida como Asociación Civil según las leyes de la República, se ha hecho cargo del antiguo Monasterio San Pablo de la Cruz, ubicado en las cercanías de la ciudad de Carmen de Areco en la Provincia de Buenos Aires, que gradualmente está siendo restaurado para su utilización como casa de ejercicios espirituales y “Centro de Espiritualidad”.

Con éste fin la CEMP a invitado a instalarse de manera permanente a la comunidad religiosa  “Misioneras Siervas del Divino Espíritu”, que son un Instituto Religioso de Derecho Diocesano, fundado en Colombia por Mons. Alfonso Uribe Jaramillo, quienes desde fines del mes de agosto de 2010 se encuentran instaladas en el  “Monasterio”,  previa aprobación del arzobispo de Mercedes-Luján, Mons. Agustín Radrizzani, para desde allí ejercitar la tarea evangelizadora.

 Además de la tarea de evangelización descripta en el punto 5, el Centro de Espiritualidad tendrá como propósito específico poner a disposición de toda la Iglesia y de sus diversos movimientos, un lugar para la conversión personal y el encuentro con Nuestro Señor Jesucristo, con el objeto de hacer conocer Su palabra viva y transformadora a una humanidad cada vez más necesitada de Dios, como desgarrada por sus sufrimientos.

 Con tal fin se propenderá a:

•   Formación de evangelizadores.

•   Organización de congresos, conferencias seminarios, retiros espirituales, Ejercicios Espirituales Ignacianos y jornadas de enseñanza, bajo la dirección de predicadores argentinos y extranjeros.

•   Crear un espacio de encuentro para sacerdotes y miembros de la comunidad.

•   Promover la creación de centros misioneros dentro y fuera del país.

•   Evangelización y asistencia integral a personas carenciadas.

•   Difusión de obras religiosas escritas y magnéticas.

•   Brindar un lugar donde reencontrarnos con Dios y con nosotros mismos, a través del infinito poder del Espíritu Santo.

•   Ofrecer un lugar de restauración y sanación espiritual y emocional para laicos, religiosas y sacerdotes.

•   Poner a disposición de toda la Iglesia un lugar para profundizar en el conocimiento y amor hacia la Santísima Virgen María, Reina de la Paz; y encontrarnos para la adoración de Jesús, presente en el Santísimo Sacramento del altar.

 Es nuestro deseo poner las instalaciones a disposición de toda la Iglesia, para que cada congregación, parroquia, movimiento o institución religiosa, pueda participar de las actividades programadas u organizar sus propios eventos en el lugar.

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7.  Consideraciones finales.

 “Ustedes no me eligieron a mi; he sido yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den fruto, y ese fruto permanezca”.

 Juan 15, 16

 “La mies es mucha y los obreros son pocos”.  Estas palabras de Jesús se refieren no solo hacia la necesidad de sacerdotes, sino también de evangelizadores laicos que con el amor y el poder del Espíritu Santo, anuncien la Buena Noticia del Reino de Dios, siguiendo el espíritu de la instrucción de Jesús que viendo la necesidad de tantos hombres y mujeres que caminan por la vida sin haber tenido la experiencia del amor de Dios, designó a los 72 discípulos y los envió de a dos como mensajeros de la paz, a llevar su bendición.  (Lucas 10,1-12).

 Los laicos que integran la CEMP, viviendo la espiritualidad renovada en el Espíritu,  están unidos entre sí por el deseo de dar gloria a Dios y de llevar la experiencia del amor de Dios a la mayor cantidad posible de personas.

 Con este fin promoverán la formación de grupos de oración, jornadas de reflexión, retiros espirituales abiertos y retiros espirituales cerrados, para toda clase de personas.

 Para esto se formarán en aquellas áreas que sean necesarias para la tarea de evangelización, tales como la animación de grupos, animación musical (canto, instrumentos musicales), guía de alabanza y adoración, predicación, dar enseñanzas, Sagradas Escrituras, pastoreo de grupos, etc.

 Con plena conciencia de que han sido elegidos por Dios para el servicio, en base a Juan 15, 16, crecerán en la conciencia de la belleza del llamado a ser Mensajeros de la Paz de Dios y de la Santísima Virgen María y meditarán frecuentemente el texto de Gálatas 5,  22-26 “Los frutos del Espíritu son: amor, alegría, paz, generosidad, benignidad, bondad, fe,  mansedumbre, continencia; contra estas cosas no hay ley.  Los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y concupiscencias. Si vivimos por el Espíritu, dejémonos conducir por el Espíritu. No busquemos la vanagloria, provocándonos mutuamente y teniendo envidia unos a otros”.

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